Amor en tiempos de COVID



Hablar de amor es hablar de vínculos que se forman en dimensiones diferentes que van desde lo físico, mental, espiritual, hasta tener en cuenta los medios de comunicación que utilizamos para crear las relaciones sociales y afectivas que desarrollamos a lo largo de la vida. Querer y que nos quieran es parte de una experiencia en doble sentido, que implica dar y recibir bienes tangibles e intangibles, que van desde un pensamiento, un poema, una carta, regalos diversos como flores, peluches, joyas, hasta likes en Facebook e Instagram, tuits, comentarios, memes e incluso videos, whatsapps y tik toks.

Como todos hemos experimentado, el 2020 nos cambió muchos paradigmas y quizá aún no somos conscientes del todo de la cantidad y calidad de conocimiento sobre la conducta humana que será posible estudiar, analizar, discutir, comentar, investigar y documentar, gracias al virus que ha traído en jaque al mundo entero. Sin lugar a duda, el amor entre seres humanos se ha visto afectado, modificado y rediseñado en este tiempo.

“No lo he visto desde hace meses, aunque hablamos a diario por Messenger”. “Si tan solo pudiera ver en tiempo real su reacción cuando le cuente lo que le quiero decir”. “No sé si lo que vi en la videollamada fue real o fue producto de la diferencia de tiempo entre su internet y el mío”. “No da «me gusta» a mis publicaciones hasta después de muchas horas”. “Nos vemos en línea y no podemos hablar”. “Publicó y comentó de otras personas, pero a mí ni siquiera me da un like”. “Me tienen harta sus publicaciones, todo el tiempo dice lo que le pasa en sus redes sociales”.

Frases como las anteriores son comunes en estos días de encierro, en los que pasamos horas y horas frente a pantallas de diferentes tamaños. El celular, el iPad, la computadora de escritorio, la laptop y la televisión, de ser objetos accesorios se han convertido en necesidades esenciales por medio de los que recibimos afecto y a través de los cuales desarrollamos el apego necesario para sobrevivir emocionalmente.

Antes de la pandemia dábamos por hecho que podríamos tocar, oler, abrazar y sentir a nuestra pareja sin que existiera más restricción que el común acuerdo. Ahora, muchos nos hemos descubierto pidiendo al otro que use tapabocas, que se lave las manos y/o la cara, que use gel y que se tome la temperatura antes de acercarse. Recibimos visitas que deben limpiarse los zapatos, usar careta, sanitizarse e incluso mantener su distancia y hablar detrás de un acrílico, por no decir del miedo que puede invadir a uno o a los dos miembros de una pareja cuando se besan o hacen el amor.

En este tiempo la ansiedad es un problema de salud mental que se une a los duelos por los seres queridos enfermos y fallecidos, y que desencadena depresiones profundas o soslaya la distimia, —depresión leve que va minando la calidad de vida conforme se deja sin atención—. Hoy como nunca se pone en evidencia la importancia de la prevención y de fortalecer nuestra mente, cuerpo y emociones en aras de conservar una actitud positiva y de hacer consciente la resiliencia que hemos desarrollado previamente.

Conservaremos la salud, la capacidad de recibir y de dar amor en la medida en la que nos cuidemos y nos amemos a nosotros mismos, conservando una autoestima sana, relaciones que nos nutran y que nos hagan seres más empáticos, aprendizajes que nos hagan crecer y emociones que nos engrandezcan como seres humanos sensibles, bondadosos, generosos y tolerantes.

Una de las experiencias que invito a explorar es la capacidad de reír y de disfrutar la vida con cosas sencillas. Divertirse y entretenerse mirando el cielo, escuchando el cantar de un pájaro, identificando el sonido de las hojas de un árbol bajo el viento, mirando la ruta que siguen las hormigas para llegar a su hormiguero e incluso, oliendo las flores, las hojas y los tallos de las plantas que encontramos a nuestro paso, son distractores que es momento de recordar, disfrutar y valorar para enriquecer el acto de amar.

Expresar nuestras emociones ha sido, es y seguirá siendo una necesidad humana puesta de manifiesto desde las pinturas rupestres en Altamira y en Lascaux, cuyos muros de piedra han evolucionado para llegar a los que ahora corresponden a los de cada una de las redes sociales en el mundo virtual. Esos espacios son ahora la huella de nuestra forma de vivir, de ser, de sentir, de pensar y por supuesto, de amar. Quizá más que nunca el amor deba prevalecer sobre el miedo y el dolor, desde la creatividad, la esperanza y, sobre todo, la resiliencia.

Usar las redes sociales para decir lo que sentimos a nuestros seres queridos es una gran manera de comunicar y de dejar un testimonio que quizá trascienda el tiempo y el espacio, de la misma forma que sucedió con la huella de las cuevas de España y Francia que datan del Paleolítico Superior, desde hace unos 35,600 hasta hace 13,000 años, de esta forma decir “te amo” en formato digital tiene hoy el potencial de convertirse en fiel reflejo del alma propia, pero también de nuestra cultura, desarrollo y profunda sensibilidad.

La capacidad de amar y de trabajar son expresiones de nuestra adaptación a la vida, por lo que concluyo invitando a sentir y a expresar lo que guarda el corazón con una frase de la madre de la Tanatología a quien admiro personal y profesionalmente por su valentía, decisión y aportación al desarrollo de esperanza, la gran maestra de amor Elisabeth Kübler Ross:

“Nuestros miedos no detienen a la muerte, sino a la vida”.

Publicación original en Revista Talento Empresarial: https://talentoempresarialmagazine.com/2021/01/06/amor-en-tiempos-de-covid/

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