Resiliencia y Arteterapia

De repente y sin estar preparado, sin aviso, sin consideración hacia nada y hacia nadie, llega un problema enorme a tu vida, algo que te duele, te causa angustia, preocupación, te quita el sueño y te hace incluso sentir físicamente mal...de la noche a la mañana sufres una pérdida de empleo, de un ser querido, eres asaltado o eres víctima de un suceso en el que sin siquiera imaginarlo, fuiste protagonista...

Muchas veces en la vida suceden cosas imprevistas y también muchas de ellas son terriblemente difíciles, como perder tu casa, estar perdido enmedio de una tormenta o de un terremoto, perder un hijo, fracasar en un matrimonio, perder un trabajo, fallar en una inversión, dejar ir una oportunidad irreemplazable, ser herido violentamente, padecer una enfermedad crónica o terminal, en fin, situaciones complicadas hay miles, todas ellas presentan desafíos y retos que implican buscar recursos para enfrentarlas...o simplemente dejarse vencer.




La resiliencia es la capacidad de salir adelante de estas situaciones difíciles, habiendo aprendido y por tanto, también ser capaces de crear, con los recursos que ya se tenían y los nuevos, una vida mejor en la que se integren las experiencias como una parte positiva e incluso nutritiva para la experiencia general de vida.

La resiliencia no es algo con lo que se nazca, sino que se adquiere a lo largo de la vida. La formación en el hogar es importante porque es a partir de los padres cuando se inicia el aprendizaje en esta habilidad. Todo lo que aprendemos, que posteriormente nos ayudará a resolver alguna situación, problema o relación, fortalece nuestra resiliencia y es preciso cultivarlo para conservarlo y tenerlo como una herramienta valiosa de la que podremos echar mano cuando sea necesario.


Los tres tiempos en que se aplica la resiliencia:

1. La resiliencia se aplica previo a un suceso o trauma, preparándonos adecuadamente y estando informados de los riesgos que se corren en nuestra vida cotidiana. Por poner un ejemplo, ser resiliente en la asolescencia, significa saber los riesgos que se corren al probar bebidas alcohólicas o drogas así como conocer métodos anticonceptivos, las consecuencias y ventajas y desventajas de su uso. Estas son maneras de prevenir un suceso que podría modificar la vida y son ejemplos de resiliencia aplicada de manera previa.

2, La resiliencia durante el suceso, es la fortaleza y templanza con la que se enfrenta el trauma y que permite conservar el control, la calma, la ecuanimidad y la adecuada toma de decisiones cuando se pasa por una situación difícil. Ejemplo de esto es cuando sabemos que durante un sismo es importante desalojar el edificio o lugar en el que nos encontramos y hacerlo de manera organizada, tranquila y sin alterar el orden, colaborando y protegiendo nuestra propia integridad y la de los demás.

3. La resiliencia posterior al trauma, se manifiesta a través de la decisión de apropiarse de la experiencia vivida, tomando de ella el aprendizaje positivo que sirva para crecer y mejorar como persona y que además me permita poner al servicio de los demás lo que viví de manera que contribuya a que otros eviten pasar lo que yo pasé. Un ejemplo de esto, es vivir un proceso de duelo en el que uno mismo lleve un registro de las experiencias, las fases, los pasos dados y las acciones tomadas para superar la pérdida, para posteriormente compartir los conocimientos adquiridos para en caso necesario, apoyar a otros mientras viven su propio trance doloroso.

Ser resiliente no solo es una necesidad para vivir una vida de calidad, sino que es un modo de vida. Cultivar la resiliencia debe ser una misión de vida, ya que gracias a esta habilidad podremos superar las adversidades sin siquiera tomarlas como tales.





¿Cómo saber si soy una persona resiliente?

De acuerdo con Dennis Charney, las personas resilientes tienen características en común fácilmente identificables, algunas de ellas son:

Optimismo, altruismo (sirven a los demás o participan en instituciones, fundaciones, asociaciones en los que su presencia es útil), un fuerte sistema de creencias y valores (sin importar el credo, simplemente practican una religión o doctrina de manera convencida, constante y disciplinada), tienen fe y ejercitan su espiritualidad, se relacionan con los demás cultivando relaciones de amistad y afecto, tienen una misión en la vida, (la han descubierto y luchan por ella), toman las cosas con humor, saben reír y lo hacen de manera natural, enfrentan sus miedos con fortaleza pero sin exigir perfección de sí mismos y se dan permiso a equivocarse y corregir el rumbo cuando es necesario.

¿Cómo puedo cultivar mi propia resiliencia?

La respuesta más sencilla a esta pregunta es; DESARROLLANDO LA CREATIVIDAD.

Al igual que las cosas que hacemos en la vida de manera cotidiana, para ser más resiliente solamente hay que desearlo, imaginarlo y hacerlo. Suena fácil, pero es verdad, ya que desear ser resiliente quiere decir, tener el deseo de construir herramientas que me permitan salir adelante de mis problemas, por tanto, lo primero que hay que hacer es imaginar esos problemas y buscar soluciones CREATIVAS.

Un ejemplo muy breve y sencillo que da idea de lo que comento sería hacerse la pregunta:

¿Qué haría yo en caso de un desastre como un terremoto?

A partir de esta pregunta, hay que responder las que siguen, como buscar rutas de evacuación, diseñar letreros, estrategias, difusión de las acciones a tomar, etc., y por supuesto, compartir todo esto, con la familia y amigos.

Al planear esta solución a un problema, estoy desarrollando mi resiliencia de manera previa al suceso. Quizá nunca necesite utilizar este aprendizaje, sin embargo tenerlo, me dará la pauta para conocer más sobre otros desastres naturales y sus posibles consecuencias.

Cada vez que imagino un problema, es importante también imaginar el tamaño, la forma, las implicaciones, las posibles soluciones, etc., y ponerlos en papel o en el material que me permita visualizarlos.

El proceso creativo se hace presente cada vez que pongo a trabajar mi mente y visualizo y sueño encontrando respuestas, buscando ideas, llamando al presente experiencias del pasado y formulando estrategias que incluso podría utilizar en mi vida, aún sin haber enfrentado un trauma.

Para que el proceso creativo se desarrolle y sea para mi una herramienta en la formulación de soluciones, hay que estimularlo y vincularlo lo mejor posible a mis emociones, disfrutando cada etapa del proceso de imaginar. Crear a través del dibujo, la pintura, la escritura, la danza, el teatro, el modelado, etc., me permiten imaginar formas y ponerlas a la vista y a disposición de mis cinco sentidos, permitiendo además de la expresión, la manipulación y transformación del material y de los recuerdos, las ideas y las imágenes que vienen a mi mente.

Es a partir de la creatividad entonces, que se forma la resiliencia. Las personas que salen adelante, son personas creativas que utilizan su habilidad imaginativa en la solución de sus propias dificultades, sean estas económicas, emocionales, físicas, de salud o de cualquier índole.


De esta manera, como decía más arriba, ser resiliente es una manera de vivir y puede afirmarse debido a las evidencias científicas que las personas que desarrollan actividades artísticas han desarrollado a su vez una fortaleza que les permitirá ser más resilientes.

Termino este texto, invitándote a bailar, escribir, cantar, pintar, escribir, actuar y dejar salir tus ideas, emociones y pensamientos a través de manifestaciones artísticas con fines terapéuticos.

¡Te servirá para construir una vida mucho mejor!

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