Teoría Polivagal y vínculo terapéutico

Actualizado: abr 16



El Dr. Stephen Porges desarrolló la Teoría Polivagal en la necesidad de explicar las respuestas de los bebés humanos recién nacidos al estrés, su inquietud fue acrecentada por los comentarios de un pediatra que leyó su primera explicación respecto al sistema nervioso autónomo, capaz de calmar a un recién nacido.

A través de esta teoría Porges explica de manera clara y sencilla, la forma en que conectado al Sistema Nervioso Central (SNC), es el Sistema Nervioso Autónomo (SNA) el que nos permite reaccionar ante circunstancias de la vida tanto felices como desafiantes.


El nombre de Teoría Polivagal, es una combinación de las palabras "poli" que significa "muchos" y "vagal", que se refiere al nervio vago (vagus en latín, quiere decir "que deambula", y en el caso de este nervio, "deambula" por todo el cuerpo humano) y que consiste en una serie de nervios conectados que envían señales a nuestro cerebro provenientes prácticamente de todos los órganos del cuerpo.



La Teoría Polivagal explica que contamos con tres sistemas de reacción en nuestro organismo, el más saludable es el que reacciona a la interacción humana, generando empatía, de esa manera nos comunicamos y somos capaces de establecer un diálogo con otras personas.

Esta es la rama parasimática ventral- vagal del Sistema Nervioso Autónomo, cuyas capacidades incluyen el permitirnos respirar moduladamente y facilitar nuestras conexiones sociales.


Un segundo sistema de defensa es el que nos hace luchar o huir cuando nos sentimos amenazados o tenemos miedo. Se trata de la rama simpática del nervio vago del SNA, entre cuyas funciones está el proveernos de oxígeno suficiente en el cuerpo a través de una adecuada irrigación sanguínea, así como energía para movernos.

Cuando la rama parasimpática ventral vagal no puede controlar el estímulo, o este la sobrepasa, se activa la rama simpática, por eso intentamos una o ambas opciones: discutir, argumentar e incluso gritar, o nos desconectamos, nos quedamos callados, nos rendimos o cedemos ante las circunstancias. Si estas opciones nos funcionan, regresamos al estado de conexión social en el que la rama parasimpática ventral vagal puede volver a funcionar, de esa manera somos capaces nuevamente de dialogar y comunicarnos para expresar nuestras emociones.


Un tercer y aún más antiguo sistema de defensa que los anteriores, es el que hace que nos congelemos y no respondamos ante situaciones que rebasan nuestra capacidad de lucha o huida. Esta es la rama parasimpática dorsal del nervio vago, que entre muchas otras funciones, se encarga de regular nuestra digestión.

Cuando los estímulos sobrepasan las dos ramas mencionadas anteriormente, se activa la rama parasimpática, ya que la desesperanza nos inunda, nos sentimos impotentes e irremediablemente vencidos, de esa manera es probable que nos desmayemos, nos quedemos "pasmados", perdamos la expresión facial, dejemos de pedir ayuda, perdamos el control de nuestros esfínteres e incluso perdamos por completo la conciencia.

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En una persona sana, los tres sistemas conviven en equilibrio, proveyendo la capacidad de estar presente y disfrutar la vida en plenitud, con cada uno de nuestros órganos funcionando adecuadamente en lo que denominamos "homeostasis".


La Teoría Polivagal explica mucho más que estos tres sistemas, ya que ayuda a comprender que los seres humanos nos relacionamos con el mundo y sobre todo, con las personas que nos rodean, a partir de nuestras reacciones y dependiendo de lo que los estímulos nos hagan sentir.

Cuando pequeños, desarrollamos apego hacia nuestros cuidadores y de esta manera conocemos la forma en que podemos sentirnos seguros, en el caso de que el apego que hayamos desarrollado sea justamente "apego seguro", a través del cual hemos podido conocer nuestro propio cuerpo y la forma en que hay cosas, personas y circunstancias que nos gustan o no nos gustan.


Cuando el apego desarrollado en la infancia es ansioso, evitativo o ambivalente, tendremos dificultad para calmarnos y permanecer tranquilos, por lo que nuestro sistema de defensa estará híperactivado, con las consecuentes reacciones corporales, como respiración agitada, dilatación de pupilas, inquietud corporal, etc., por solo mencional algunos síntomas.


La Teoría Polovagal explica patrones de comportamiento humano, que regulan nuestras relaciones y vínculos con las otras personas y con el afecto o amor, que recibimos o brindamos.


Una de las aportaciones más importantes de esta teoría, a procesos terapéuticos, es que en el espacio de terapia y en la interacción que se desarrolla entre el consultante y el terapeuta, pueden existir reacciones de inseguridad ya que el consultante puede sentirse evaluado constantemente, sin lograr sentirse cómodo y confiado para poder trabajar a profundidad.


Las personas nos conectamos más allá de las palabras, el cuerpo ocupa un lugar muy importante a través del que nos comunicamos e intercambiamos nuestra presencia, movimientos delicados que denotan sensibilidad, alerta, descanso, seguridad, confianza, etc.

De esta manera, la toma de consciencia o insight, pasa a un segundo plano priorizando el desarrollo de seguridad, tranquilidad, confianza y estabilidad en el espacio terapéutico, para lograr una conexión profunda a partir de la cual, el consultante pueda sentir y experimentarse a sí mismo y al entorno de una manera distinta.



La calidez del terapeuta, el tono de voz, su sonrisa y humanidad, cobran importancia más que nunca, para poder trabajar en la dirección de reducir todos los estímulos que la persona pueda percibir como amenazas y activar la rama ventro vagal del consultante. En terapia es posible utilizar numerosas herramientas y procesos que faciliten esta experiencia de seguridad tan benéfica para el sistema nervioso, el arte es una maravillosa forma de promover la conexión humana y trabajar el movimiento corporal dejando en un segundo plano las palabras y priorizando la conexión humana, para dar paso a la co-regulación emocional y la interocepción, procesos indispensables para el tratamiento del trauma.


Una vez más queda en evidencia la importancia del vínculo, la trascendencia del apego seguro y la indiscutible necesidad de conectarnos estando presentes, conscientes y dispuestos a crear espacios seguros para los demás. Aprende mucho más sobre formas de acompañamiento humano, desarrollo de empatía y conexión y facilitación de espacios seguros, a través de los cursos en Terapia de Artes Expresivas diseñados especialmente para ti. Te esperamos en Continente Seis.


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